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México en la COP30: nuevos compromisos climáticos y metas al 2035

México en la COP30: nuevos compromisos climáticos y metas al 2035
México en la COP30: nuevos compromisos climáticos y metas al 2035
26:02

En el marco de la COP30, celebrada en Belém, Brasil, México presentó la actualización de su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0), el documento mediante el cual el país define cómo contribuirá a los objetivos del Acuerdo de París en materia de cambio climático.

Esta actualización establece nuevas metas hacia 2035, refuerza el enfoque de adaptación y amplía el alcance de la política climática nacional al incorporar componentes que en versiones anteriores no habían sido desarrollados con el mismo nivel de detalle, como la atención a pérdidas y daños, el fortalecimiento institucional y la movilización de recursos.

Si bien la COP30 marca el momento de su presentación internacional, la NDC 3.0 permite entender hacia dónde se dirige la acción climática de México en los próximos años, al concentrar decisiones clave sobre mitigación de emisiones y adaptación a los impactos del cambio climático. 

En este artículo analizamos el contenido de la NDC 3.0 de México, poniendo atención en los datos que incorpora, el marco institucional que la sustenta y los principales retos que plantea su implementación.

¿Qué es una Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC)?

Una Contribución Determinada a Nivel Nacional es el plan mediante el cual cada país Parte del Acuerdo de París define cómo contribuirá a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y a la adaptación frente al cambio climático.

Si bien las NDC no son instrumentos jurídicamente vinculantes en términos de sanción, sí constituyen compromisos formales de política pública que deben actualizarse cada cinco años, incorporando progresivamente mayor ambición y mayor claridad en sus metas.

En términos prácticos, una NDC cumple tres funciones centrales: 

  1. Traduce los objetivos globales del Acuerdo de París —limitar el aumento de la temperatura media global muy por debajo de 2 °C y esforzarse por no superar 1.5 °C— en metas nacionales medibles. 
  2. Establece una señal de largo plazo para la planeación económica, energética y territorial, al identificar sectores prioritarios, horizontes temporales y necesidades de inversión. 
  3. Sirve como base para los sistemas de transparencia, monitoreo y reporte ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

No obstante, su eficacia depende de factores externos al documento, como la coherencia con el marco normativo nacional, la disponibilidad de financiamiento y la coordinación entre el gobierno y los sectores productivos. Por ello, la brecha entre ambición declarada y resultados reales ha sido una constante en muchos países, incluido México.

Nueva llamada a la acción

Metas climáticas y cumplimiento de la NDC de México

La actualización de la NDC de México se presenta en un contexto marcado por dos factores simultáneos: por un lado, la creciente urgencia climática, reflejada en el aumento de eventos extremos, la presión sobre los recursos naturales y la vulnerabilidad social frente a estos impactos. 

Por otro, un balance mixto en la implementación de compromisos anteriores, que pone de relieve las dificultades estructurales para traducir los objetivos climáticos en resultados sostenidos.

En 2015, México presentó su primera NDC junto con el documento Compromisos de mitigación y adaptación ante el cambio climático para el periodo 2020–2030, en el que se establecían metas sectoriales con hitos intermedios hacia 2024. Sin embargo, aun cuando estas metas se definieron en un contexto de menor ambición climática global, varios de esos objetivos no se alcanzaron en los plazos previstos.

Uno de los ejemplos más representativos se encuentra en el sector energético. La primera NDC contemplaba que, hacia 2024, el 35% de la generación eléctrica del país provendría de fuentes limpias; en contraste, de acuerdo con la información más reciente disponible, en 2024 la generación con energías limpias representó únicamente el 26.5% del total.

Un patrón similar se observa en el manejo de emisiones de metano en el sector de hidrocarburos: la meta inicial planteaba una reducción del 25% en las fugas, el venteo y las quemas controladas. No obstante, la disminución efectiva registrada fue cercana al 8%, muy por debajo del compromiso establecido.

En el sector industrial, la sustitución de combustibles pesados por gas natural, energías limpias y biomasa tampoco avanzó conforme a lo esperado: lejos de reducirse, la participación de los petrolíferos en el consumo energético industrial aumentó de aproximadamente 25% a 31%, de acuerdo con distintas ediciones del Balance Nacional de Energía. Este rezago, evidenciado nuevamente en el marco de la COP30, refuerza la relevancia de acelerar la adopción de soluciones de energía limpia en la industria. 

Desde la experiencia de Enlight, la transición energética industrial no solo responde a un objetivo climático, sino a la necesidad de reducir la exposición a combustibles fósiles, mejorar la eficiencia operativa y avanzar hacia esquemas energéticos más competitivos y resilientes, en línea con los compromisos asumidos por México en su NDC 3.0.

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Si bien estos ejemplos no invalidan la utilidad de las NDC como instrumento de política climática, sí subrayan una lección clave: definir metas no es suficiente si no se fortalecen, de manera paralela, los instrumentos de planeación, seguimiento y ejecución.

Marco normativo que respalda la política climática en México

La NDC 3.0 se inserta en un entramado normativo e institucional que define cómo se diseña, implementa y da seguimiento a la política climática en México. La existencia —y funcionamiento efectivo— de este marco resulta determinante para que los compromisos climáticos se traduzcan en acciones coordinadas y medibles.

En el ámbito internacional, México es Parte de los dos principales tratados vinculantes en materia de cambio climático: la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Acuerdo de París, que constituyen el fundamento jurídico de la COP30 y las NDC.

A nivel nacional, la Ley General de Cambio Climático (LGCC) representa el eje central del marco normativo. De esta legislación se desprenden los instrumentos de planeación que permiten dar continuidad a la política climática más allá de los ciclos de gobierno, y posicionó a México como el primer país en desarrollo en contar con una ley específica en la materia. 

La política climática se articula también con el Plan Nacional de Desarrollo y el Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales, que traduce los objetivos generales en líneas de acción vinculadas con la conservación de ecosistemas, la gestión del agua, la economía circular y la transición energética.

De manera paralela, la LGCC establece un conjunto de instrumentos específicos para la planeación y coordinación de la política climática en diferentes niveles: 

  • Estrategia Nacional de Cambio Climático: define una visión de largo plazo a 10, 20 y 40 años y busca dar continuidad a las políticas de mitigación y adaptación más allá de los periodos de gobierno.
  • Programa Especial de Cambio Climático: funciona como la hoja de ruta sexenal de la Administración Pública Federal y detalla objetivos, estrategias, líneas de acción y mecanismos de seguimiento que asignan responsabilidades y plazos a las distintas dependencias que la componen. 
  • Política Nacional de Adaptación: –en proceso de elaboración desde 2025–, busca consolidar un enfoque integral para la gestión del riesgo climático y la resiliencia social, económica y ambiental, respondiendo a la creciente exposición del país a fenómenos extremos y de evolución lenta.
  • Plan Estratégico de Género, Derechos Humanos y Cambio Climático: introduce criterios transversales para asegurar que las políticas climáticas incorporen de forma sistemática la perspectiva de género, la interseccionalidad y los derechos humanos.

Este robusto marco institucional se completa con las propias NDC y la participación de los gobiernos estatales y municipales. A la fecha, 29 entidades federativas cuentan con programas de cambio climático, lo que permite atender contextos territoriales específicos y avanzar hacia una gobernanza climática multinivel. 

Este conjunto de leyes, planes e instrumentos define el espacio en el que la NDC 3.0 debe materializarse y evidencian la importancia de una coordinación efectiva entre los diferentes  niveles de gobierno.

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Qué plantea México hacia 2035 tras la COP30

La NDC 3.0 plantea una visión de transformación de mediano y largo plazo que busca reconfigurar la relación entre desarrollo económico, bienestar social y acción climática. Parte del reconocimiento de que el modelo de desarrollo vigente ha generado presiones sobre los ecosistemas, profundizado desigualdades y aumentado la vulnerabilidad frente al cambio climático.

Con un horizonte de implementación hacia 2035, la NDC 3.0 permite conectar las metas de 2030 con el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono a mediados de siglo. Para ello, se estructura en cinco componentes interdependientes: 

  1. Mitigación
  2. Adaptación 
  3. Pérdidas y daños 
  4. Política climática transversal y entorno habilitador
  5. Medios de implementación

En esta estructura, la mitigación se vincula con la conservación de ecosistemas que funcionan como sumideros de carbono; la adaptación se relaciona con la reducción de pérdidas y daños; la política climática transversal incorpora enfoques de derechos, equidad y transición justa; y el entorno habilitador reconoce que sin financiamiento, tecnología y capacidades, las metas climáticas difícilmente pueden alcanzarse.

En conjunto, la visión y la estructura de la NDC 3.0 reflejan un esfuerzo por alinear la política climática con una perspectiva de Estado y de largo plazo. Sin embargo, esta ambición estructural también implica mayores exigencias en términos de coordinación, planeación y ejecución.

Componente de mitigación presentado en la COP30

Uno de los principales cambios de la NDC 3.0 es la formulación de metas de mitigación en términos de emisiones absolutas hacia 2035. México se compromete a alcanzar emisiones netas de entre 364 y 404 millones de toneladas de CO₂ equivalente (MtCO₂e) de manera no condicionada, y de entre 332 y 363 millones de toneladas de forma condicionada al acceso a financiamiento y cooperación internacional.

Estas metas se insertan en una trayectoria orientada a la neutralidad de carbono y dan continuidad a la meta de 2030 adoptada en la NDC 2.0: una reducción del 35% de las emisiones de GEI respecto a un escenario tendencial, lo que equivale a un máximo de 644 MtCO₂e en emisiones brutas para ese año. 

Otro elemento clave de este enfoque es el papel de los sumideros de carbono. La NDC 3.0 parte del supuesto de que México podrá mantener absorciones de al menos 200 millones de toneladas de CO₂ hacia 2030, lo que resalta la importancia del uso de la tierra y la silvicultura en el cumplimiento de las metas climáticas.

Finalmente, el documento también reformula la meta relacionada con el carbono negro: hacia 2035, México establece un rango de emisiones absolutas de entre 35,800 y 39,700 toneladas como meta no condicionada, y de entre 32,600 y 35,799 toneladas como meta condicionada. 

¿Cómo se distribuyen las metas de mitigación por sector económico?

Para que las metas de mitigación planteadas en la NDC 3.0 se traduzcan en acciones concretas, el documento define cómo se debe distribuir el esfuerzo de reducción de emisiones entre los distintos sectores de la economía.

Esta determinación se basa en un criterio de responsabilidad, asignando mayores reducciones a aquellos sectores que concentran una mayor proporción de las emisiones nacionales, de acuerdo con el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero, con datos preliminares de 2024.

Sector económico

Participación en emisiones nacionales (%)

Transporte

23%

Generación de energía eléctrica

19%

Industria

18%

Agropecuario

17%

Residuos

9%

Petróleo y gas

8%

Uso de la tierra

3%

Residencial y comercial

3%

Transporte

El sector transporte fue el principal emisor de contaminantes del país en 2024, al concentrar el 23% de las emisiones totales. La NDC 3.0 reconoce que el crecimiento del parque vehicular y la dependencia del autotransporte han convertido a este sector en un eje crítico de la política climática.

Las acciones de este eje se orientan a una transformación gradual del sistema de movilidad, que combina la electrificación de vehículos, la renovación de flotas de transporte público y de carga, el fortalecimiento del transporte ferroviario y la promoción de cambios modales y conductuales. 

Generación de energía eléctrica

La generación de energía eléctrica representó el 19% de las emisiones nacionales en 2024 y ocupa un lugar central en la NDC 3.0 por su papel habilitador sobre otros sectores. El documento plantea que el sector alcance su pico de emisiones en 2027 y aumente la participación de fuentes limpias hasta aproximadamente 38.5% en 2030 y 43.3% en 2035.

Al respecto, se propone la incorporación de energías renovables, la sustitución de combustibles de alto contenido de carbono por gas en centrales más eficientes, la reducción de pérdidas en la red y el fortalecimiento de la infraestructura de transmisión.

Industria

En la industria, que aportó el 18% de las emisiones en 2024, la NDC 3.0 identifica como principal desafío la alta dependencia de combustibles fósiles en procesos intensivos en energía, particularmente en sectores como el acero, el cemento, la química y el papel. 

Las transformaciones propuestas se centran en la modernización tecnológica, la eficiencia energética, la electrificación progresiva de procesos, la circularidad de materiales y la sustitución de insumos y combustibles de alto impacto climático.

En este contexto, y en línea con los debates de la COP30 sobre descarbonización industrial, la incorporación de soluciones de energía limpia y sistemas de almacenamiento integradas en microrredes industriales, como las desarrolladas por Enlight, cobra especial relevancia. 

Este tipo de configuraciones permiten a las empresas mejorar la calidad de su energía, garantizar su continuidad operativa ante interrupciones en el suministro de la red principal y reducir de manera estructural su uso de combustibles fósiles, contribuyendo así al cumplimiento de las metas de mitigación establecidas en la NDC 3.0.

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Agropecuario

El sector agropecuario, responsable del 17% de las emisiones nacionales, presenta una dinámica distinta. En este caso, la mayor parte de las emisiones proviene de la fermentación entérica del ganado y del manejo de excretas, lo que limita el margen de reducción mediante soluciones exclusivamente tecnológicas.

La NDC 3.0 plantea prácticas productivas más sostenibles, como sistemas silvopastoriles, manejo eficiente del agua y del suelo, captura de carbono en suelos agrícolas y una mejor gestión de residuos orgánicos.

Residuos

En el sector de residuos, que concentró el 9% de las emisiones en 2024, el énfasis está puesto en avanzar hacia una economía circular, priorizando la valorización de residuos, la captura y aprovechamiento de biogás en rellenos sanitarios y plantas de tratamiento de aguas residuales, así como la reducción del desperdicio de alimentos.

Dado que una proporción relevante de las emisiones del sector corresponde a metano, estas acciones tienen un potencial significativo de mitigación en el corto plazo, siempre que se acompañen de infraestructura adecuada y mejoras en la gestión municipal.

Petróleo y gas

El sector de petróleo y gas representó el 8% de las emisiones nacionales en 2024. La NDC 3.0 reconoce la necesidad de reducir emisiones fugitivas de metano, el venteo y la quema de gas mediante mejores prácticas operativas y tecnologías de detección.

De forma paralela, plantea una transición gradual que incorpore eficiencia energética, electrificación de procesos y una reducción progresiva de la demanda de combustibles fósiles, reflejando la complejidad de equilibrar la mitigación de emisiones con la seguridad energética y la estructura actual del sector.

Tal como se discutió durante la COP30, esta complejidad pone de relieve la importancia de diversificar la matriz energética de México con fuentes renovables, no solo como una vía para reducir emisiones, sino como un componente estratégico de la seguridad energética nacional. 

La expansión de tecnologías como la energía solar fotovoltaica permite avanzar en la descarbonización de los sectores que concentran el mayor porcentaje de emisiones, disminuir la presión sobre la red pública y fortalecer la resiliencia energética del país en el mediano y largo plazo.

Nueva llamada a la acción

Uso de la tierra

El uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura aportan alrededor del 3% de las emisiones, pero constituyen el principal sumidero de carbono del país, con absorciones estimadas en alrededor de 210 MtCO₂e en 2024.

La NDC 3.0 plantea alcanzar una deforestación neta cero hacia 2030 y fortalecer la conservación, restauración y manejo sostenible de los ecosistemas terrestres y costeros, reconociendo su papel en el cumplimiento de las metas climáticas.

Residencial y comercial

Finalmente, el sector residencial y comercial representa aproximadamente el 3% de las emisiones nacionales. Las oportunidades de mitigación se concentran en mejoras de eficiencia energética, electrificación y sustitución de tecnologías obsoletas.

Aunque su peso relativo es menor, las acciones en este ámbito pueden generar beneficios directos en términos de reducción de costos energéticos y contribuir de manera incremental a la reducción de emisiones.

Componente de adaptación presentado en la COP30

En la NDC 3.0, la adaptación adquiere un papel central dentro de la política climática nacional, partiendo del reconocimiento de que México ya enfrenta impactos significativos del cambio climático y que, incluso bajo escenarios de mitigación global alineados con el Acuerdo de París —presentados en el marco de la COP30—, una parte de estos efectos es inevitable.

Los datos incorporados en la NDC 3.0 permiten dimensionar la magnitud del reto. Durante el periodo 2024–2030, las pérdidas económicas acumuladas asociadas al cambio climático podrían equivaler a alrededor del 25% del PIB de 2024, con afectaciones concentradas en sectores como la agricultura, la salud y la gestión del agua. A ello se suma la presión creciente sobre los recursos hídricos y la intensificación de sequías, olas de calor e inundaciones.

Frente a este contexto, la estrategia de adaptación se articula en torno a seis ejes que buscan reducir la vulnerabilidad y fortalecer la resiliencia territorial: 

  1. prevención de impactos en la población y el territorio; 
  2. fortalecimiento de sistemas productivos y seguridad alimentaria;
  3. conservación y restauración de ecosistemas;
  4. gestión integrada del agua;
  5. protección de infraestructura estratégica y patrimonio cultural; y 
  6. atención de los vínculos entre seguridad y cambio climático.

En conjunto, estos ejes plantean una visión de adaptación preventiva y de largo plazo, basada en la anticipación del riesgo y la reducción de vulnerabilidades estructurales. No obstante, la NDC 3.0 reconoce que la adaptación enfrenta límites cuando los impactos del cambio climático superan la capacidad de respuesta de las comunidades y las instituciones.

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Componente de pérdidas y daños incorporado por México en la COP30

La incorporación de un componente específico de pérdidas y daños en la NDC 3.0 —presentada por México en la COP30— responde al reconocimiento de que no todos los impactos del cambio climático pueden prevenirse o mitigarse a tiempo. 

El diagnóstico que sustenta este componente es contundente. En 2025, el estrés hídrico afectó al 64% de la superficie continental del país, y la sequía se ha consolidado como uno de los principales riesgos climáticos. 

En 2023, las pérdidas y daños derivados de fenómenos hidrometeorológicos equivalieron aproximadamente al 0.3% del PIB, acompañadas de un alto costo humano, particularmente en poblaciones vulnerables.

Frente a este escenario, la NDC 3.0 plantea un enfoque integral que combina la atención a emergencias, el fortalecimiento de sistemas de alerta temprana, la acción humanitaria con enfoque diferenciado y el desarrollo de mecanismos de transferencia y retención del riesgo. 

Asimismo, incorpora la reconstrucción con criterios de resiliencia y reconoce la movilidad humana asociada al cambio climático como un desafío emergente que requiere anticipación y coordinación institucional.

Este componente amplía la comprensión de la acción climática al asumir que enfrentar las consecuencias del cambio climático es tan relevante como atender sus causas.

Medios de implementación de los compromisos climáticos de México

La NDC 3.0 reconoce que la ambición climática, por sí sola, no garantiza resultados. Por ello, incorpora un conjunto de medios de implementación orientados a reducir las brechas normativas, financieras, técnicas e institucionales que han limitado históricamente la política climática en México.

Este entorno habilitador se apoya en la armonización normativa, la coordinación entre niveles de gobierno, la movilización de financiamiento climático, el fortalecimiento de capacidades institucionales y el desarrollo de sistemas de información y transparencia. 

También subraya la importancia de orientar los flujos financieros hacia actividades alineadas con los objetivos climáticos, fortalecer instrumentos como la Taxonomía Sostenible y avanzar en mecanismos de precio al carbono.

En línea con los llamados realizados en la COP30, la NDC 3.0 reconoce que la implementación efectiva dependerá en gran medida de la participación de los gobiernos subnacionales y del sector productivo, así como que la participación del sector privado será determinante para cerrar la brecha de inversión en proyectos de energía limpia, particularmente a escala industrial. 

En este ámbito, la experiencia de Enlight muestra que la colaboración entre política climática y soluciones de generación de energía limpia en sitio —como la generación distribuida y el autoconsumo— puede favorecer el cumplimiento de las metas de mitigación, al tiempo que fortalece la competitividad y la continuidad operativa de las empresas.

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¿Cómo traducir la política climática de México en resultados reales?

La NDC 3.0 de México representa un esfuerzo por ordenar y ampliar la política climática nacional en un contexto en el que los impactos del cambio climático ya son evidentes y las brechas de implementación acumuladas no pueden seguir siendo ignoradas. 

A diferencia de versiones anteriores, este instrumento no se limita a elevar metas de mitigación, sino que incorpora de manera más clara dimensiones clave como la adaptación, las pérdidas y daños, la transversalidad social y los medios necesarios para hacer operativa la acción climática.

No obstante, el alcance real de la NDC 3.0 dependerá de su capacidad para servir como un marco de referencia efectivo para coordinar esfuerzos, orientar inversiones, fortalecer capacidades institucionales y evaluar avances de forma transparente y continua. En este sentido, su relevancia no se define únicamente por el nivel de ambición que plantea, sino por la consistencia entre sus objetivos y su implementación.

Leída desde esta perspectiva, la NDC 3.0 no constituye un punto final ni una solución definitiva frente al cambio climático. Es un instrumento que puede contribuir a acelerar la acción climática en México si se utiliza como base para una implementación rigurosa, coherente y de largo plazo, alineada con las realidades territoriales y sectoriales del país.

En última instancia, su importancia, como la de cualquier política climática, se medirá en los resultados que logre generar frente a una crisis que ya está en curso y cuyos efectos seguirán influyendo de manera decisiva en el desarrollo económico, social y ambiental de México en las próximas décadas.

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