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La industria electrónica se ha consolidado como una de las plataformas más relevantes para el crecimiento manufacturero de México. En 2025, Jalisco concentró 21% de las exportaciones electrónicas del país y Chihuahua alcanzó un récord exportador impulsado por un crecimiento del 93.4% del sector electrónico.
Este desempeño confirma el potencial de México para escalar en cadenas tecnológicas de mayor valor, pero también evidencia que, para que el potencial de la industria electrónica y de los semiconductores sea aprovechado, será necesario contar con infraestructura energética capaz de sostener procesos industriales cada vez más especializados.
Industria electrónica gana peso en el mapa exportador de México
La industria electrónica se ha consolidado como uno de los motores más dinámicos del sector manufacturero en México, al alcanzar, en 2025, un desempeño que evidenció su capacidad para impulsar el crecimiento exportador del país.
Durante el primer semestre del año, Jalisco registró exportaciones electrónicas equivalentes a más de 11 mil millones de dólares, duplicando prácticamente el valor reportado en el mismo periodo de 2024 y concentrando el 21% del total nacional en este sector.
Este resultado no solo lo posicionó como el segundo estado con mayor volumen de exportaciones electrónicas, sino que confirmó el peso que ha adquirido como uno de los principales polos tecnológicos del país.
El caso de Chihuahua refuerza esta tendencia desde una escala aún mayor, al haber alcanzado en el mismo año un récord histórico en comercio internacional, superando los 109 mil millones de dólares en exportaciones acumuladas y consolidándose, por decimosexto año consecutivo, como el principal estado exportador de México.
Dentro de ese desempeño, el sector electrónico tuvo un papel determinante, al registrar un crecimiento de 93.4% respecto al año anterior, impulsado principalmente por la manufactura de equipo de cómputo, servidores y componentes tecnológicos de alto valor.
Este avance no solo refleja una expansión en volumen, sino también una mayor especialización productiva, que se pone de manifiesto al analizar las particularidades de la participación de México en la manufactura de equipos electrónicos vinculados a cadenas globales.
Al concentrar la producción de servidores para empresas tecnológicas como Microsoft, Google, Meta y Amazon en Ciudad Juárez, la entidad da cuenta de un proceso de integración cada vez más profundo en segmentos estratégicos de la industria tecnológica.
De electrónica a semiconductores: la siguiente frontera industrial
El crecimiento sostenido de la industria electrónica en México ha dado paso a una discusión más amplia sobre la profundidad de su integración en las cadenas tecnológicas globales.
Si bien el país ha logrado ganar el reconocimiento como una de las plataformas de manufactura para equipos y componentes electrónicos de mayor relevancia, el siguiente paso implica avanzar hacia segmentos de un valor agregado superior, particularmente en el ámbito de los semiconductores.
La urgencia de esta transición se ha acelerado en los últimos años, principalmente, por la marcada dependencia tecnológica de distintos sectores industriales a estos componentes. En México, industrias como la automotriz, la de electrodomésticos y la aeroespacial integran entre tres y 21 semiconductores por producto, lo que refleja el papel transversal que estos componentes desempeñan en la producción manufacturera.
No obstante, además de subrayar la importancia estratégica de los semiconductores, esta dependencia ha puesto de manifiesto una oportunidad única para fortalecer la capacidad productiva local, lo que ha derivado en el surgimiento de valiosas iniciativas para desarrollar capacidades regionales.
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Ese es el caso de QSM, una empresa mexicana que iniciará operaciones en Querétaro en 2026, cuyo modelo busca integrar diseño, fabricación y comercialización de semiconductores, con un enfoque en chips de tecnología “legacy”, fundamentales para aplicaciones industriales que no requieren nodos de última generación, pero sí alta confiabilidad y disponibilidad.
Esta clase de proyectos permite dimensionar el tipo de especialización que México puede desarrollar en el corto y mediano plazo, y que le podrían permitir, a la vez, fortalecer su papel dentro de las cadenas de valor tecnológicas de América del Norte.
La integración con Norteamérica abre una ventana de crecimiento
El desarrollo de la industria de semiconductores en México está estrechamente vinculado a la reconfiguración de las cadenas de suministro en Norteamérica, misma que se ha acelerado como consecuencia de los incentivos y políticas industriales impulsadas en Estados Unidos para fortalecer su capacidad de manufactura tecnológica.
De acuerdo con la Semiconductor Industry Association, desde 2020 se han anunciado más de 140 proyectos en el sector, distribuidos en 30 estados de Estados Unidos, con inversiones privadas que superan los 645 mil millones de dólares.
Este volumen de inversión no solo está transformando la capacidad productiva del país, sino que también está generando un efecto expansivo sobre la región, especialmente en estados fronterizos como Texas, donde empresas como Samsung, Texas Instruments y GlobalWafers han impulsado proyectos orientados a consolidar o ampliar su presencia en la región.
Este panorama abre una ventana de oportunidad única para México, ya que la integración económica con Estados Unidos, sumada a su cercanía geográfica con corredores industriales en el Norte y el Bajío, posicionan al país, naturalmente, como un posible nodo complementario dentro de esta nueva arquitectura productiva.
La posibilidad de articular cadenas de proveeduría binacionales en segmentos intermedios de la manufactura electrónica y de semiconductores, permite vislumbrar un escenario en el que México amplíe su participación más allá del ensamblaje, incorporando mayor contenido tecnológico a su producción.
Sin embargo, la capacidad de capitalizar este proceso dependerá de condiciones estructurales que permitan sostener operaciones industriales cada vez más complejas, donde factores como infraestructura, talento especializado y disponibilidad energética jugarán un papel determinante en la consolidación de esta nueva etapa de crecimiento.

La energía como condición habilitadora de la industria electrónica
El crecimiento de la industria electrónica y su evolución hacia segmentos como el de los semiconductores plantean un requerimiento que, paulatinamente, ha ido ocupando una posición más relevante dentro de la conversación industrial: la necesidad de contar con una base energética capaz de sostener operaciones más complejas y sensibles.
La manufactura electrónica no es intensiva únicamente en volumen, sino en precisión. Procesos de ensamble, pruebas, control de calidad y operación de líneas automatizadas exigen un suministro eléctrico estable y confiable, que evite que variaciones o fallas eléctricas generen pérdidas productivas, afectaciones en la calidad del producto o disrupciones en la cadena de suministro.
De manera paralela, la continua evolución de la industria hacia aplicaciones de mayor contenido tecnológico, ha hecho este requerimiento cada vez más exigente. La incorporación de nuevos procesos, el aumento en la densidad tecnológica de los productos y la necesidad de cumplir con estándares internacionales, elevan la sensibilidad de la operación frente a la calidad y continuidad eléctrica.
De este modo, podemos afirmar que en adelante, la capacidad de garantizar un suministro energético confiable será un diferenciador tangible para los estados que busquen competir en el proceso de concentrar, capitalizar y sostener el crecimiento de la industria electrónica.
Microrredes: autonomía energética para la industria electrónica
De frente a estos requerimientos, la discusión energética en la industria electrónica coincide en la necesidad de integrar esquemas que garanticen mayor control sobre el suministro. Al respecto, las microrredes industriales destacan como una alternativa capaz de responder a las exigencias de operaciones que no pueden depender exclusivamente de la red pública.
Una microrred integra generación renovable en sitio, almacenamiento de energía (BESS), sistemas de control inteligente y, cuando el perfil operativo lo requiere, fuentes de respaldo (gas y/o diésel). Esta configuración permite coordinar en tiempo real la generación, el consumo y la interacción con la infraestructura pública, bajo una lógica en la que la red no es la única fuente de abastecimiento, sino un complemento de un esquema más robusto.
El valor de este tipo de infraestructura radica en su capacidad para sostener la operación bajo distintas condiciones; por ejemplo, ante cortes, fallas o intermitencias en el suministro, una microrred puede mantener la continuidad de procesos críticos. A ello se suma su capacidad para optimizar el uso de la energía disponible, gestionar la demanda y mejorar la eficiencia operativa del sitio.
Para empresas que concentran procesos de manufactura avanzada, como los de la industria electrónica y de semiconductores, este tipo de configuraciones dotan a sus líneas de producción con mayor seguridad, resiliencia y autonomía, al brindarles la posibilidad de operar de manera parcial o totalmente independiente de la red principal.

México necesita energía para sostener su oportunidad tecnológica
México cuenta con condiciones clave para ampliar su papel en la cadena eléctrica-electrónica y avanzar hacia una mayor participación en el ecosistema de semiconductores de Norteamérica.
Sin embargo, aprovechar esa oportunidad exige una base energética alineada con el nivel de sofisticación que demanda la industria. El liderazgo exportador, el desarrollo de talento y la cercanía con Estados Unidos son factores estratégicos, pero su impacto puede verse limitado si la región no cuenta con energía suficiente, confiable y competitiva para sostener operaciones de alta precisión.
Para que el crecimiento de la industria electrónica y de semiconductores se traduzca en una ventaja de largo plazo, la energía debe formar parte de la planeación industrial desde el diseño del proyecto, con miras a que, desde etapas tempranas de la operación de la planta, la infraestructura energética opere como una condición habilitadora del crecimiento.
La capitalización de la oportunidad tecnológica de México no depende únicamente de su atractivo para atraer nuevas cadenas de producción, sino de su capacidad para sostenerlas. Si quieres conocer más sobre cómo Enlight puede ayudar a las empresas de la industria electrónica a fortalecer su seguridad, resiliencia y autonomía energética, acércate a nuestros expertos para recibir una asesoría personalizada.
