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Panorama energético 2026 y transformación industrial en México

Escrito por Enlight | 26/01/2026

El panorama energético 2026 está marcado por una reconfiguración estructural del sistema eléctrico: el crecimiento sostenido de la demanda, la expansión acelerada de la generación renovable y la presión por reducir emisiones están ocurriendo de manera simultánea, pero no necesariamente coordinada.

Este desajuste es relevante porque expone una tensión central: el sistema debe crecer en capacidad, flexibilidad y confiabilidad al mismo tiempo, mientras que la electricidad adquiere un peso cada vez mayor en la operación y en la estabilidad económica industrial.

De ahí que el análisis del panorama energético no pueda limitarse a revisar la capacidad instalada o los cambios regulatorios recientes de forma aislada. Por el contrario, resulta necesario observar cómo interactúan la demanda, la generación, las redes, el almacenamiento y el consumo energético industrial dentro de un mismo sistema estructural.

En este artículo, abordaremos el panorama energético mexicano desde una lectura integrada, con el objetivo de entender por qué, durante 2026, el desempeño del sistema eléctrico se perfila como un factor determinante para la competitividad industrial y la viabilidad de la transición energética en la región.

La reconfiguración del sistema eléctrico en México

La electricidad ocupa un lugar central en el panorama energético 2026 al posicionarse como el insumo que sostiene el crecimiento económico frente a un proceso de electrificación cada vez más profundo, impulsado por factores estructurales como la expansión del parque vehicular eléctrico y el incremento en el uso de tecnologías intensivas en uso de recursos, como la inteligencia artificial.

De ahí que su relevancia no pueda explicarse únicamente a partir de su participación en el consumo final de energía, sino por su función transversal en el proceso de automatización industrial y en la operación de cadenas de valor que dependen de un suministro eléctrico continuo y confiable.

De acuerdo con el World Energy Outlook 2025 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), aunque la electricidad solo representa alrededor del 21% del consumo final de energía a nivel mundial, habilita la operación de sectores que concentran más del 40% de la actividad económica global, lo que explica por qué el crecimiento económico y la electrificación avanzan de manera acoplada.

En esta misma línea, la AIE estima un incremento acumulado en la demanda eléctrica de entre el 40% y el 50% hacia 2035, crecimiento que plantea un reto técnico relevante: el sistema eléctrico no solo debe incorporar nueva capacidad de generación, sino hacerlo a una velocidad compatible con la expansión de la demanda y bajo condiciones de menor intensidad de carbono.

Frente a este escenario, las energías renovables se han consolidado como la principal vía de expansión de la oferta eléctrica. En 2024 registraron su vigésimo tercer año consecutivo de crecimiento récord en capacidad instalada, con la energía solar fotovoltaica liderando el ritmo de despliegue anual.

Sin embargo, más allá del volumen, la incorporación acelerada de generación renovable introduce otro factor de variabilidad en el suministro eléctrico y exige que el sistema cuente con mecanismos para gestionar los desbalances entre generación y consumo, desplazando el foco de la planeación desde la simple adición de capacidad hacia la integración operativa del sistema eléctrico en su conjunto.

¿Por qué redes y almacenamiento son críticos en el panorama 2026?

Frente a la complejidad del panorama energético, el desempeño del sistema eléctrico no puede evaluarse únicamente a partir de la capacidad instalada total, sino en función de la eficiencia en el transporte de energía, las facilidades de integración de nuevas fuentes de generación y la gestión de los desbalances entre oferta y demanda.

A escala global, este análisis refleja un desajuste persistente en los patrones de inversión del sistema eléctrico. De acuerdo con la AIE, desde 2015 la inversión en generación eléctrica ha aumentado cerca de 70%, hasta situarse alrededor de un billón de dólares anuales, mientras que la inversión destinada a redes eléctricas se mantiene en torno a los 400 mil millones de dólares anuales, con un crecimiento considerablemente más lento.

Estas condiciones, a su vez, impactan directamente la atracción de inversiones a nivel industrial: la capacidad de la infraestructura para atender las necesidades energéticas de las empresas condiciona la viabilidad de nuevos proyectos, los tiempos de entrada en operación y la certidumbre con la que pueden planearse inversiones de largo plazo.

En este contexto, el crecimiento de la demanda eléctrica y la expansión de la generación renovable en la matriz energética global sitúan a las redes eléctricas descentralizadas y a los sistemas de almacenamiento de energía como infraestructura crítica para impulsar la competitividad industrial y el desarrollo de proyectos productivos de mayor escala.

Como muestra de ello destaca el crecimiento acelerado del almacenamiento de energía a nivel global. En 2024, las adiciones anuales de sistemas de almacenamiento de energía en baterías superaron los 75 GW, reflejando su incorporación como un componente clave del sistema eléctrico en la integración de nueva capacidad y el aprovechamiento de la infraestructura existente.

¿Qué papel juega la industria en la transición energética mexicana?

México se inscribe en la misma dinámica global de electrificación y expansión de energías renovables, aunque bajo un marco regulatorio y operativo con particularidades que condicionan la evolución de su sistema eléctrico. Uno de los indicadores más claros de esta transformación es la expansión sostenida de la generación distribuida y de los esquemas de autoconsumo.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Energía (CNE), al primer semestre de 2025 la capacidad instalada de generación distribuida superó los 4,500 MW, de los cuales más del 95% corresponden a solar fotovoltaica. Este dato confirma que la energía solar se ha integrado de manera estructural como una alternativa técnica y económicamente viable para usuarios industriales con operaciones con altos requerimientos energéticos.

Al respecto, las proyecciones del PROSENER 2025–2030 estiman que hacia 2030 el 96% de las nuevas adiciones de capacidad de los particulares corresponderá a tecnologías renovables, reforzando la lectura de que una parte sustancial del crecimiento futuro del sistema será habilitado a través de esquemas descentralizados.

De ahí que los cambios regulatorios implementados durante 2025 —como la ampliación del límite regulatorio de generación distribuida a 0.7 MW y la simplificación de trámites— respondan a la necesidad de coordinar la planeación del sistema eléctrico con la interacción entre generación privada, transmisión y distribución de energía, y consumo eléctrico a nivel industrial.

A este proceso se suma la definición de las figuras de Usuaria de Autoconsumo y Grupo de Autoconsumo, mecanismos que amplían las posibilidades de participación de la industria en un nuevo modelo operativo, en el transita hacia una rol más activo en la generación y gestión de la energía que utiliza.

¿Cómo se integra la generación en sitio al panorama energético 2026?

En el panorama energético 2026, la generación en sitio se integra a la operación industrial como un componente que incide tanto en la gestión del suministro eléctrico a nivel de planta como, a mayor escala, en los objetivos nacionales de reducción de emisiones, reforzando la necesidad de articular las decisiones energéticas industriales con las condiciones técnicas y operativas del sistema eléctrico en su conjunto.

De acuerdo con la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) presentada por México en el marco de la COP30, en 2024 la generación eléctrica representó el 19% de las emisiones nacionales, mientras que la industria aportó el 18%, demostrando una persistente dependencia de combustibles fósiles en procesos intensivos en energía.

En este contexto, la generación renovable en sitio permite atender ambos frentes: por un lado, reduce la exposición a un suministro eléctrico cuya intensidad de carbono depende de la red pública; y, por el otro, opera como una base sólida para desplazar gradualmente consumos asociados a fuentes no renovables.

Desde la perspectiva del sistema eléctrico, la generación en sitio también contribuye a aliviar la presión de las redes que operan cerca de sus límites, particularmente en zonas con alta concentración industrial, al cubrir una parte del consumo con generación propia. Este efecto cobra mayor relevancia conforme la demanda eléctrica aumenta y la expansión de redes continúa enfrentando restricciones de tiempo e inversión.

Aunado a ello, la incorporación de sistemas de almacenamiento de energía es clave para amplificar estos beneficios. Las baterías permiten gestionar desbalances temporales entre generación y consumo, mejorar la continuidad operativa frente a variaciones del suministro y optimizar el perfil de carga de las instalaciones industriales.

No obstante, la relevancia de estos esquemas no radica únicamente en su adopción, sino en la forma en que se diseñan e integran al sistema eléctrico en su conjunto. Cuando la generación en sitio se implementa con criterios técnicos sólidos y una visión de largo plazo, contribuye a sostener la viabilidad de la transición energética industrial en el horizonte que marca el panorama energético 2026.

¿Cómo adaptar la estrategia energética industrial al panorama 2026?

El crecimiento de la demanda eléctrica, la incorporación acelerada de energías renovables y las recientes modificaciones regulatorias han configurado un sistema eléctrico de mayor complejidad, en el que las decisiones energéticas inciden cada vez más en el desempeño operativo de las plantas y en la competitividad industrial.

Bajo estas condiciones, la infraestructura energética ha adquirido un carácter estructural: las soluciones de generación en sitio y de almacenamiento de energía ya no pueden abordarse como proyectos independientes, sino como componentes de un sistema que debe diseñarse, ejecutarse y operarse de forma coherente a lo largo del tiempo, en línea con la evolución del sistema eléctrico y con los objetivos operativos de cada empresa.

Responder a este entorno exige capacidades técnicas para desarrollar soluciones compatibles con el sistema eléctrico, capacidades operativas para sostener su desempeño en el tiempo y solidez financiera para estructurar esquemas que preserven su flexibilidad y certidumbre.

Modelos como los PPA y Storage as a Service (SaaS) permiten a las empresas avanzar en su transición energética sin realizar una inversión inicial, siempre que estén respaldados por un aliado estratégico con capacidad técnica, operativa y financiera para asegurar una ejecución integral y una responsabilidad clara a lo largo de todo el ciclo de vida del proyecto.

En Enlight, nuestro equipo de expertos en energía puede acompañarte en este proceso y apoyarte a tomar decisiones energéticas informadas. Agenda una llamada con uno de nuestros especialistas para analizar el contexto particular de tu operación y evaluar, con base técnica, la estrategia energética que mejor te convenga.

Desde 2025 comenzaron a delinearse los elementos de una nueva configuración del sistema eléctrico en México. Comprender esta dinámica y anticipar sus implicaciones será un factor clave para fortalecer la resiliencia operativa y la competitividad de la industria en los próximos años.